No somos gringos

Queridos lectores,

Esta artículo yo escribí para La Tribuna hace unas semanas.

Yo soy britanico. Somos muy pocos en Honduras. Por lo general, estamos encasillado bajo el título gringo. Color de piel y pelo, sí, lo entendemos. Pero es un titulo de lo que tratamos de distanciarnos. Después de todo, todos queremos sentirnos independientes de un poder superior. Sin embargo, políticamente, nos encontramos que no tenemos donde agarrarse, y esto nos deja decepcionados.

Si algún Catrachos ha estado en el Reino Unido y los EEUU, usted sabría que nuestras culturas y valores son una brecha de diferencia. Nos gusta considerar a los EE.UU. como nuestro hermano menor petulento, poco realista como es, mientras que gran parte de la Europa nos ve de la misma manera. Un gran parte de nuestro carácter y sentimientos se encuentra en la letra de la canción de An Englishman in New York de Sting, ya sea nuestra preferencia por el té en el café, la diferencia en el tono de nuestros acentos, o nuestra compleja variedad de cortesía y modales que son estrafalario a algunos, mientras que el esnobismo para otros.

También nos gusta proteger nuestra identidad frente a la globalización 《mientras intentamos ignorar el hecho de que intentamos globalizar el mundo hace 300 años》que es una de las muchas razones por las que la gente votó por Brexit. Estamos orgullosos de nuestro patrimonio cultural, ya sea nuestra contribución a la música, nuestra arquitectura, nuestra fish and chips y roast dinners, nuestra sentido de humor especial, las cabinas telefónicas rojas, la revolución industrial, la cerveza oscura, la bandera de Union Jack o ser los creadores oficiales del deporte más popular del mundo. Ser británico para algunos sigue siendo una marca exitosa, a pesar de lo mucho que ha disminuido en valor.

La victoria de Trump en las elecciones estadounidenses envió olas de choque en todo el mundo, y el Reino Unido no fue la excepción. Sin embargo, reflejó patrones de votación similares al voto de Brexit que ocurrió unos meses antes 《¡no pensamos que sucedería, pero lo hizo!》 y las repercusiones del racismo, la hostilidad y las protestas han sido demasiado similares para la comodidad. Las clases trabajadoras votaron contra la élite política en favor de algo desconocido, demagógico y basado en mentiras, a pesar de que se mordiera el trasero. La sensación de recuperar algo que siempre estará fuera de alcance de todos modos era demasiado poderoso.

Desde la inauguración de Trump el 20 de enero, los líderes políticos han andado con pies de plomoen que se saludan y/o critican el presidente. Pero ha sido nuestro primer ministro Theresa May la que ha sido el más tedioso, orgullosa de ser el primer líder político en reunirse con Trump, a una distancia de los pensamientos y sentimientos del pueblo británico, mientras que líderes más valientes como Hollande y Peña han sido mucho más franco sobre su condena por lo que parece un demagogo sexista y xenófobo.

Entonces, ¿por qué esta “relación especial” con los EE.UU., entonces? Emm, bueno. Esto confunde a mucho del pueblo de británicos y americanos, también, basado en intereses de negocio más bien que unidad civil. Leímos muchas de estas relaciones  especiales durante las guerras iraquíes, las cuales la mayoría de los británicos votaron en contra. Parece haber resurgido de nuevo, pero como una narrativa mediática creada por la élite política británica. Sin embargo, lo más preocupante para los británicos es cómo la élite estadounidense valora esta relación, como parece en una quilla muy desigual, con ojos capitalistas dispuestos a explotar los intereses comerciales de un imperio muerto, que recientemente tomó la decisión de votar fuera de la Mercado Común Europeo. Si algo, se siente que hemos dejado un mal matrimonio y ahora a punto de entrar en un peor.

Mi mensaje a los hondureños es no leer demasiado en esta relación especial. Somos buddies, mas o menos. Pero esta relación especial es un matrimonio para algunos pocos. Y también, a pesar de mi cabello rubio, ojos azules y piel pálida, trata de llamarme cualquier cosa, pero no gringo.

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About Nicholas Rogers

I am an English journalist/copywriter living in Tegucigalpa, Honduras, and I have been here since 2011. I originally came to work with Casa Alianza, which supports street kids and vulnerable youths. I then stayed on, after meeting Pamela Cruz Lozano, who calls me her adopted Catracho. I work freelance journalism and I have my own translation business. Why did I come here? For the challenge, to open my mind and get out of my comfort zone. I love literature and I've written a book with street kids. I write novels, short stories and poetry, all of which you will find on this blog, as well as a lot of information about Honduras. View all posts by Nicholas Rogers

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